
“Hay diferencias entre el peco y el tiempo” dijo Niña virgen, mientras estrujaba su cerebro haciendo frasecitas célebres o para el bronce, en vez de estar terminando la tediosa y sufrida tesis que yo, no tuve oportunidad de hacer en mi vida.
Lavadas con el poder de ACE que promociona el Rafita Araneda, estaban sus blusas, listas para usarlas en su nuevo trabajo, en aquel lugar de dudosa reputación (tanto como su virginidad y sus blusas albas).
Seguramente a Niña virgen, ni siquiera le alcanza el tiempo para poder dedicarse a la depilación semanal o poner a cargar las pilas triple A que usa su cepillo de dientes eléctrico para encenderlo sobre su clítoris, con sus ojos entrecerrados y pensando que pequito (cualquiera a estas alturas) podría estar jugando por esos parajes.
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